La lucha por la igualdad por parte de grupos minoritarios ha quedado grabada en la historia por miles de años. El arte ha sido y es un valioso vehículo para expresar la lucha de dichas minorías y es a través de este arte, que el resto de la sociedad ha podido -en gran parte- mirar, escuchar y (aún más importante) empatizar con dichos grupos. La expresión del sentimiento de opresión, de la lucha, del enojo, de la tristeza han permitido el avance de las minorías para encontrar su lugar y su libertad. Pocas cosas son tan importantes para un ser humano como el ser mirado, con la libertad de ser quienes somos – tal cual y sin miedo.

A nosotros nos ha tocado ser testigos de como el colectivo LGBTTTIQA se ha ido abriendo un espacio en la sociedad. Cada vez es más tangible ese lugar de igualdad, pero la lucha no termina pues sigue habiendo muchísima discriminación. Hay países en dónde ser homosexual sigue siendo un delito. Incluso en países mucho más tolerantes, la homofobia interiorizada sigue siendo una fuente de miedo, que inhibe la libre expresión de las personas. Es aquí en dónde el arte -particularmente- continúa siendo nuestro aliado, ayudándonos a ver lo que frecuentemente ignoramos – incluso si nos considerarnos tolerantes e incluyentes.

La celebración del Orgullo LGBTTTIQA se verá limitada este año por el COVID-19 pero celebremos desde casa que hoy, el colectivo LGBTTTIQA es más mirado que nunca. Celebremos para que los oprimidos del mundo se sientan mirados, respetados y acompañados. Manifestemos nuestra solidaridad para inspirar a quienes más lo necesitan. Aprovechemos para apreciar la expresión de este movimiento en todos sus formatos y así, expandir nuestra conciencia colectiva y avanzar hacia un mundo más tolerante, más incluyente, más empático y más unido.